miércoles, 15 de enero de 2014

Imagina...

Imagina qué habría sido de nosotros si las cosas hubieran sido de otra manera. Lo mismo ahora estaría mirando esos ojos oscuros en vez de una pantalla de ordenador. Quizá tú habrías asentado la cabeza del todo, o al menos no tendrías necesidad de colgar tu ego por todas las redes sociales. Seguramente habría desafiado una vez más al mundo por estar a tu lado.

Seguiría viendo tu cara de niño chico ante mis magdalenas y llamando a las cosas por otro nombre. No tendrías que estar refugiándote en abrazos huecos y besos de media noche. Lo más probable es que volviera a escuchar el acento del sur con la misma alegría y esperaría el sonido del timbre para tirarme a tus brazos. Tu cepillo de dientes estaría ahora mismo al lado del mío y aquellas calzonas no estarían dobladas en el armario.

Tu respiración seguiría malacostumbrando a mi nuca y quizá pasaras tu mano por la nueva tinta de mi piel. Recordaría cada instante los hoyuelos que te salen al sonreír y dan fin a tu espalda. Recorrería medio Madrid de tu mano en busca de un Taco Bell. Me pondría en guardia, con los puños al frente, esperando a que me abrazaras. Quizá dormiría recordando el último beso, la última caricia o el último te amo.

Quién sabe.

Pero por suerte, no hay nada más que imaginación. Tus equivocaciones y tus miedos me dieron la oportunidad de seguir creciendo sin ti. Me abrieron los ojos y dieron la razón a todos aquellos que no apostaron por nosotros. Me recordaron que los hechos siguen pesando más que las palabras. Que tu mundo y el mío jamás podrían juntarse. Y que aquel que construimos estaba edificado sobre arenas movedizas. Tu solito te convertiste en una casualidad más de mi vida. No quedan ya finales que hablen de nosotros dos en una misma frase. Ni en tu idioma ni en el mío.


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