lunes, 29 de julio de 2013

Lo que mi voz dijo un día.



A veces pienso si realmente vale la pena salir de aquí. Ya son nueve meses dentro del vientre de mi madre y estoy demasiado cómoda. Además, el hecho de saber lo que me espera ahí fuera disminuye mis ganas de conocer el mundo. Bueno, tampoco voy a ser demasiado dramática. No peso ni tres kilos y ya me comporto como si fuera adulta. Deben ser los efectos sedantes del cordón umbilical. Lo que os iba a contar, que me voy por las ramas, es un secreto que todo el mundo conoce pero del que nadie se acuerda. Yo, criatura a la que le quedan horas e, incluso, minutos para nacer, puedo permitirme recordároslo. Haced memoria. ¿No os ha pasado alguna vez que tenéis la sensación de haber vivido ya algo? Sí, eso que los expertos llaman déjà-vu. Pues bien, no os creáis nada de lo que os expliquen mediantes teorías científicas. La verdadera razón de tener esas extrañas experiencias es porque de fetos ya sabemos todo lo que va a pasar en nuestras vidas. Ya me imagino las caras que estáis poniendo, pero es totalmente cierto. Aunque no lo recordéis, vosotros también os habéis encontrado en mi situación. Por ello, algunos no querríais salir de la inmensa barriga de vuestra madre y otros, sin embargo, estaríais deseosos de ver la luz.

En mi caso, mi vida no es muy diferente a la de una persona normal. Con sus dificultades, eso sí, pero relativamente cómoda. Voy a un colegio de mi pequeña ciudad, con mis amigos de la infancia y así voy creciendo inocentemente. La vida pasa así, entre comidas ricas y otras no tanto, golosinas, juegos de niños y deberes. Mi aspecto va evolucionando, al igual que mi cuerpo y mente. Mi alrededor también cambia, de manera lenta. Y por fin llegan más amigas, las salidas, el primer amor real y la danza. Y, cómo no, el estudio intensivo. Selectividad y las decisiones de la universidad. Aquí comienza verdaderamente el cambio radical. Una nueva ciudad, concretamente la gran capital, y una forma de vida distinta. La nostalgia y la melancolía del olor de mi casa desaparecen progresivamente según van pasando los años. Nuevas amistades, otras que se conservan y muchas más que se apalancan en el pasado. Sin embargo, mi personalidad y mi carácter siempre me acompañan, a lo largo de mi existencia.

Interesante, ¿verdad? Me gustaría seguir desgranando cada trocito de mi estancia en el mundo, pero creo que ya oigo la respiración agitada de mi madre y sus contracciones. Me está llamando. Qué prisa tiene, si aún me queda mucho por vivir. Aunque es una pena que en cuanto salga ahí fuera ya no me acuerde de nada, a excepción de esos maravillosos déjà-vu que nos recuerdan de dónde venimos. Tendré que empezar de cero, qué remedio. Bueno, allá voy. ¡Deseadme suerte!

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