jueves, 3 de enero de 2013

How you remind me.


Siempre hay una persona que te marca para siempre. Esa que te araña el corazón y se lleva una parte de ti. Aquella que daría todo, con los ojos cerrados y el alma en la mano. Daría la vuelta al mundo con solo oír tu voz. Su recuerdo permanecerá siempre en un hueco de tu memoria y jamás lo desplazará nadie. Porque nadie te querrá tanto como él.

Ya ha pasado algo más de un mes. Un tiempo de silencio y reflexión, en el que era imposible canalizar las emociones en unas cuantas líneas. No cabían ni en mi cuerpo. Me invadían la mente y todos los sentidos. Y es entonces cuando te sientes inútil y perdida. Todo tu mundo se derrumba en un instante, aquel que construiste durante tanto tiempo y con mucho empeño. Todo estaba meticulosamente pensado. Planeado. Y llega el momento. Y te caes al abismo. Así lo ves todo, negro.

Las personas que realmente te quieren te tenderán la mano y te ayudarán a salir de ahí. Otras se darán la vuelta y desaparecerán de allí. De tu vida. Es el momento perfecto para darte cuenta de quién estará de ahí en adelante compartiendo tu día a día. No solo tus alegrías, sino también tus miedos e inseguridades. Algunas llevan contigo desde que abriste los ojos. Otras aparecieron hace no mucho y ya han demostrado que han venido para quedarse.

 Y es aquí cuando descubres que las palabras no valen para nada. Que únicamente cuentan las acciones, la llamada inesperada, la mano que te seca las lágrimas, el chupito compartido o el simple mensaje. De esto aprendes que siempre puede haber una mayor decepción, un dolor más intenso o una despreocupación más cruel. Pero también hay corazones que te apoyan, ojos que te entienden y abrazos que te ofrecen un poco de protección. Y aunque estás sola en esto, puedes contar con aquellos pocos hombros que se han quedado. A tu lado. Eso vale más que mil palabras y compensa las promesas frustradas.

Si he vuelto a ser capaz de poner el dedo en la herida y escribir, es porque necesitaba intentar plasmar lo que una vez esa persona hizo por mí. Me amó con todas sus fuerzas. Y aún lo sigue haciendo. Me protegía, valoraba y respetaba. Me hacía la vida un poco más sencilla. Me levantaba cuando me tiraban al suelo y me secaba las lágrimas con el dorso de la mano. Siempre tenía una palabra amable para mí. Sus ojos rebosaban amor y esperanza. Quizá también miedo. Miedo de perderme. Me aceptaba tal y como soy. Aguantaba mis manías y mi carácter. Solía cuidar cada detalle y robarme besos de media tarde. Las noches eran menos frías con él a mi lado. Siempre supo entenderme y tranquilizarme, con un abrazo a tiempo. Su prioridad era mi sonrisa. Y quizá es esto lo que me ha llevado a sacar un poco de lo que llevo guardando estos días de ausencia. Una canción en una página apenas conocida. Y una nota: “sonríe, nunca dejes de hacerlo”.

 Y yo sonrío. Por ti. Por mí.
 Por lo que un día llegamos a ser. Porque fuimos especiales.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada